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El origen del cajón flamenco: de Perú a los escenarios de Granada
Un instrumento llegado de lejos que encontró en el flamenco una nueva forma de expresión y hoy es parte esencial del compás
Hoy en día resulta difícil imaginar un cuadro flamenco sin la presencia del cajón. Su sonido seco y profundo marca el pulso, dialoga con la guitarra y acompaña al cante con una naturalidad que parece ancestral. Sin embargo, el cajón flamenco no nació en Andalucía ni forma parte del flamenco más antiguo. Su historia es el resultado de un viaje cultural que conecta continentes, tradiciones y formas de entender el ritmo.
Conocer el origen del cajón flamenco es también entender cómo el flamenco ha sabido evolucionar sin perder su esencia, incorporando nuevos elementos que hoy consideramos imprescindibles.
El cajón: raíces afroperuanas
El cajón tiene su origen en Perú, donde comenzó a utilizarse entre los siglos XVII y XVIII dentro de las comunidades afrodescendientes. Ante la prohibición del uso de tambores por parte de las autoridades coloniales, estas comunidades recurrieron a cajas de madera, cajones de carga y otros objetos cotidianos para crear música y mantener vivo su legado rítmico.
Con el tiempo, aquel recurso improvisado se convirtió en un instrumento con identidad propia. El cajón peruano pasó a ser el corazón rítmico de estilos como el festejo, la zamacueca o el landó, consolidándose como símbolo de la música afroperuana.
La llegada del cajón al flamenco
El encuentro entre el cajón y el flamenco se produce relativamente tarde, en los años 70. Fue durante un viaje a Perú cuando el guitarrista Paco de Lucía descubrió este instrumento y quedó fascinado por su sonoridad y su capacidad rítmica.
Al introducirlo en sus formaciones, el cajón encajó de manera sorprendentemente natural con el flamenco. Su sonido grave y seco se adaptaba perfectamente a los distintos palos, reforzando el compás sin imponerse y aportando una base rítmica sólida que no existía hasta entonces.
Desde ese momento, el cajón comenzó a formar parte del flamenco contemporáneo y su uso se extendió rápidamente por escenarios, tablaos y espectáculos de todo el mundo.
Un instrumento que transforma el compás
Antes del cajón, el flamenco se sostenía rítmicamente principalmente con las palmas, el zapateado y la guitarra. La incorporación del cajón no sustituyó estos elementos, sino que los complementó, ampliando las posibilidades rítmicas y aportando nuevas capas de sonido.
El cajón permite marcar el pulso de forma clara, jugar con silencios, acentos y matices, y crear un diálogo constante con el resto de artistas. Su versatilidad lo hace apto tanto para palos más festivos como para estilos más solemnes, adaptándose al carácter de cada interpretación.
El cajón en el flamenco actual
Hoy, el cajón flamenco es un instrumento plenamente integrado en el lenguaje del flamenco moderno. Ha evolucionado en su construcción, incorporando cuerdas internas y ajustes que permiten ampliar su registro sonoro y adaptarlo mejor a las necesidades del flamenco.
Su presencia ha abierto también nuevas posibilidades escénicas, favoreciendo formatos más amplios y aportando una base rítmica estable que convive con la tradición del cante y el toque.
Lejos de romper con la esencia del flamenco, el cajón demuestra cómo este arte ha sabido crecer, absorber influencias y reinventarse sin perder su identidad.
Granada y el flamenco como espacio de encuentro cultural
Granada ha sido históricamente un punto de encuentro entre culturas, y esa mezcla se refleja también en su forma de vivir el flamenco. La incorporación del cajón es un ejemplo más de cómo el flamenco granadino, como el flamenco en general, se nutre de influencias diversas para seguir evolucionando.
Entender el origen del cajón flamenco es comprender que el flamenco no es un arte estático, sino una expresión viva, abierta y en constante transformación.
Un sonido que ya forma parte del flamenco
Aunque su origen esté lejos de Andalucía, el cajón ha encontrado en el flamenco un hogar definitivo. Su historia es la prueba de que el flamenco crece cuando dialoga con otras culturas y cuando se mantiene fiel a su espíritu: emoción, ritmo y verdad.
En espacios como Teatro Flamenco Granada, el público puede apreciar cómo este instrumento convive con el cante, la guitarra y el baile, formando parte de un lenguaje artístico que sigue evolucionando sin perder sus raíces.
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